Atapuerca - Patrimonio de la humanidad

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Cuaderno de Arsuaga

ATAPUERCA, ALFOZ CULTURAL Viernes 30 de Octubre, 2009
Por Juan Luis Arsuaga

Texto original publicado en “Espacios Naturales del Ministerio de Defensa” (2006). Volumen coordinado por Miguel San Hipólito Bernardos. Ed. Ministerio de Defensa. pp 98-105. Actualizado con fecha 30 de Octubre de 2009.

Atapuerca foto.Sierra de AtapuercaAtapuerca es el nombre de un pueblo y de una sierra. Su inmensa popularidad actual no se debe a su valor económico, ni ecológico, aunque no carece de ninguna de esas dos riquezas, sino a su interés cultural. Tal interés no ha existido siempre, ni mucho menos; el nombre de Atapuerca apenas era conocido, y los que lo habían oído o leído lo asociaban a una batalla entre un rey castellano (el primero que hubo) y un rey navarro, su hermano, que tuvo lugar en unos llanos de la vertiente norte de la sierra. Corría el año 1054, en la Península Ibérica ya había pasado el peligro de Almanzor y los astrónomos chinos registraban la aparición en los cielos de una supernova.

La fama le ha llegado al nombre de Atapuerca en época reciente, con motivo de los descubrimientos de restos humanos que se han venido produciendo en las cuevas que se abren de la vertiente sur de la sierra en el último cuarto del siglo XX y en lo que llevamos de éste. En estas bocas se han formado depósitos fosilíferos que se remontan a hace más de un millón de años, los más antiguos, y que abarcan toda la prehistoria e incluso épocas más recientes. Por eso ha sido el lugar declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Atapuerca es un espacio cultural único, un territorio que contiene un patrimonio material, que se puede visitar y ver, formado por los yacimientos, y otro inmaterial, invisible, que pertenece al mundo del conocimiento y de los sentimientos. Ese territorio abarca físicamente la roca de la sierra, los terrenos de cultivo de cereales y los bosques que la circundan, y no tiene, como tenían los antiguos alfoces medievales, una población que sea su cabeza y capital. La sierra tiene entidad propia desde antes de que existieran los pueblos actuales y no depende de nadie, sino que más bien agrupa en su entorno varios municipios, especialmente el de su mismo nombre, al norte, y el de Ibeas de Juarros, al sur.

El páramo castellano (derecha) y la Sierra de ATapuerca (izquierda) se encuentran aproximadamente a la misma altura Para comprender lo que representa la sierra para la cultura, para darle al paisaje una interpretación, un significado, hay que empezar por lo evidente: una loma de caliza, alargada y de techo plano; cubierta en sus laderas por bosques de encinas y de quejigos; partida en dos por una vaguada; con la mitad más occidental, la más cercana a la carretera Nacional I, acribillada de antenas y reventada por canteras; y con la parte oriental mejor conservada y sin más construcciones que las relacionadas con los yacimientos; y en torno a la roca, campos de trigo y de cebada, los cultivos tradicionales, aunque recientemente, por la parte del pueblo de Atapuerca, se ha añadido un nuevo matiz a los tonos dorado y rubio de los cereales: el que ponen en el paisaje los campos de girasol.

La aproximación a los yacimientos de la sierra de Atapuerca ha de hacerse, necesariamente, por el valle del río Arlanzón, ya que las entradas de las cuevas dan hacia esa parte. Por eso son tan importantes las cebadas y los panes que atravesamos hasta llegar a la roca caliza, porque amortiguan el impacto de las actividades humanas a lo largo de la carretera de Logroño, de modo que, cuando alcanzamos la sierra, ya no se oye un solo ruido de motor, y el aire es limpio y puro. Y también porque a lo largo del ascenso vamos estableciendo un diálogo visual con la sierra, la vamos conociendo, la empezamos a entender y nos sumergimos en su mundo. Nos presentamos mutuamente. ¡Qué diferente es el caso de aquellos monumentos cuyo entorno ha sido destruido o radicalmente alterado, y que se nos aparecen, de pronto, sin darnos tiempo para prepararnos, como si hubieran sido desnudados de todo el ropaje que los envolvía! A los lugares míticos, a los que concedemos una importancia especial, hay que llegar, y el viaje es tan importante como el destino.

La acción del Rio Arlazón ha dado forma a las cuevas y a los depósitos que en ellas se encuentran desde hace más de un millón de años Desde el punto de vista ecológico, la aproximación nos puede, además, proporcionar gratas sorpresas, sobre todo si hacemos el camino con calma. En el alfoz cultural de Atapuerca hay diversos biotopos, cada uno con sus ecosistemas respectivos. Junto al río, el soto con sus diferentes bandas de vegetación, encima del pueblo un melojar o rebollar adehesado de árboles centenarios, más arriba los campos de cereal que sobrevuelan los aguiluchos, y por fin llegamos a un alto desde el que se contempla toda la sierra. Los campos de labranza fueron en tiempos un bosque, que los agricultores han transformado, a lo largo de los últimos ocho milenios, en una falsa estepa, que no carece de valor histórico, ecológico y paisajístico.

El suelo ha cambiado en este trayecto. Al principio lo formaban los cantos de arenisca y de cuarcita que dejó el Arlanzón cuando en tiempos prehistóricos corría más cerca de las cuevas. Luego el suelo se hizo blanco porque afloran unas tierras de ese color que son margas depositadas antes de que existiera el río, hace unos cuantos millones de años, cuando toda la comarca era un lago del que apenas sobresalía, como la punta de un iceberg, el techo de la sierra. En esa época, llamada Mioceno, todavía no habían llegado los humanos a Europa. Lo hicieron en otra posterior, que conocemos en Geología como Pleistoceno.

Un escena posiblemente de lo más común en las faldas de la Sierra de Atapuerca hace más de 500 mil años: 'H. heidelbergensis' a la caza de las manadas de bisontes Entre el Alto y la sierra hay una gran vallonada, poco excavada, por la que discurre el exiguo río Pico, que va a parar al Arlanzón cerca de Burgos. Una parte, la cabecera, está cultivada y se llama Valhondo; la otra no, porque es terreno militar. Con un poco de imaginación se pueden ver con ojos prehistóricos los antiguos hipopótamos, los mamuts, los rinocerontes, los ciervos de grandes astas, los bisontes, los uros, los bueyes almizcleros, los caballos, los osos, las hienas, los lobos y los grandes félidos... Al fondo se divisa el caserío de Cardeñuela de Río Pico.

Desde el Alto se distinguen en la sierra las cubiertas de tres yacimientos, que son entradas de cuevas. Estas bocas las cortó un ferrocarril minero que se construyó en torno a 1900 y que venía, como los cantos rodados, de una sierra cercana pero mucho más grande, la de la Demanda, en la que desde hacía siglos se explotaban el hierro y el carbón. La senda del tren ha sido recuperada como vía verde desde el pueblo de Arlanzón, donde el ferrocarril cruzaba el río del mismo nombre, hasta la cabecera del tren minero, y merece la pena recorrerse. Es otro atractivo más de la comarca.

Atapuerca foto. Vista aerea de la Trinchera del Ferrocarril en la Sierra de AtapuercaLos yacimientos de la trinchera del ferrocarril, en la sierra de Atapuerca, se pueden visitar. El primero que se ve se llama la Sima del Elefante, el segundo la Galería y cueva de los Zarpazos y el tercero la Gran Dolina. Los tres están siendo excavados en la actualidad, y hay trabajo para muchos años, afortunadamente. Jugando con las palabras, podríamos decir que estos yacimientos de la trinchera del ferrocarril minero son unas maravillosas minas de fósiles. ¡Quién se lo iba a decir a los que construyeron la vía férrea hace un siglo!.

En la Sima del Elefante es donde se han desenterrado los fósiles más antiguos de Atapuerca, y puede que se acerquen al millón y medio de años. Se sabía habían estado nuestros antepasados a juzgar por ciertas marcas de corte en huesos de herbívoros, descarnados allí mismo, y por algunos instrumentos de piedra caliza y de pedernal. Y en el verano de 2007 se encontró por fin un resto humano.

Este yacimiento y los otros de la Trinchera, muestran todas las capas a la vista y son extraordinarios ejemplos para entender como se rellenan las cuevas. Los niveles más antiguos, como es lógico, están en la base. En esa época el paisaje que se veía desde la sierra era muy distinto del actual, y Valhondo aún no existía como valle. Se fue formando, poco a poco, más tarde.

Mandíbula de 'Homo antecessor'(?) descubierta en la Sima del Elefante con 1.200.000 años de antiguedad Los fósiles de la siguiente cueva, Galería y Zarpazos, son de la misma época que los de la parte alta de la Sima del Elefante, entre los 300.000 y los 400.000 años. Aquí han aparecido dos restos humanos: un fragmento de mandíbula y otro de cráneo.

La parte alta del tercer yacimiento, llamado Gran Dolina, es equivalente en edad, pero en la inferior se han encontrado restos humanos de hace 800.000 años y con ellos se ha creado la nueva especie ‘Homo antecessor’. Los huesos humanos se encuentran allí porque media docena de personas o más, de todas las edades y de los dos sexos, fueron comida de caníbales.

Los grandes rivales de los humanos en la caza serían entonces los homoterios, unos félidos de enormes caninos, y los jaguares.

La roca de la sierra de Atapuerca es el tercer biotopo de este recorrido que va desde el río a la cumbre de la montaña, y la cubre un bosque denso de encinas y quejigos que se ha vuelto impenetrable desde que se dejo de sacar leña. Aquí encuentran su refugio corzos, jabalíes y gatos monteses.
Subiendo por un vallejo se llega a la Cueva Mayor. Ésta es realidad una de las varias entradas de un gran sistema de cavidades que llega hasta la Sima del Elefante, por lo menos.

A la entrada de la Cueva Mayor se encuentra el yacimiento del Portalón, que registra una importante secuencia de la Época del Bronce La entrada de la Cueva Mayor se llama el Portalón y aquí se trabaja en un espléndido yacimiento que va desde el paleolítico hasta los romanos y la Edad Media. Los niveles neolíticos, calcolíticos y de la Edad del Bronce son extraordinarios, y documentan la prehistoria reciente en la sierra y en la Meseta. A juzgar por la abundancia y calidad de los materiales que se excavan, la Cueva Mayor debió de ser un enclave muy importante en esas épocas, un centro de referencia para un territorio muy extenso. Hay en el extremo oriental de la sierra otro yacimiento, llamado el Mirador, con ocupaciones contemporáneas a las del Portalón.

Pero volvamos a la Cueva Mayor. Del Portalón sale una galería, llamada del Sílex, que se encontró intacta, porque su entrada se había hundido en tiempos antiguos. Es muy bella y fue utilizada por las gentes que vivían en el Portalón con propósitos funerarios, y por ese motivo las paredes están bellamente decoradas con grabados y pinturas de carácter esquemático que representan figuras humanas y animales, junto con signos más abstractos. Ante ellas debieron celebrarse impresionantes rituales de despedida de los muertos, ceremonias cargadas de simbolismo y de emoción.

Panel de pinturas (Galería del Silex, Atapuerca) Hacia el interior de la montaña sale un ramal que conduce hasta la Sima de los Huesos, pasando por entre silos excavados por las gentes que habitaban el Portalón para almacenar el fruto de las cosechas, su bien más preciado; era el granero de un importante, para la época, núcleo humano. La Sima de los Huesos, muy misteriosa, contiene la mayor acumulación de fósiles humanos de la historia: los esqueletos completos de una treintena de personas que murieron hace unos 500.000 años, más o menos la época de las ocupaciones de los yacimientos de la Galería y la Cueva de los Zarpazos, y de los niveles superiores de la Gran Dolina y de la Sima del Elefante. Los cadáveres humanos fueron acumulados en el fondo de la Sima de los Huesos con un propósito ritual; hasta la fecha representa la más antigua ceremonia documentada, la primera manifestación de una mente simbólica.

Ya habían desaparecido los homoterios y los jaguares, pero la vida de los humanos no era más fácil porque el lugar de los grandes carniceros lo ocupaban los leones y los leopardos.

Excalibur, el único bifaz encontrado en la Sima de los Huesos de Atapuerca, pudo ser aportado hace más de 500 mil años al fondo de la Sima, a modo de ofrendaPor el mismo vallejo que nos llevó a la Cueva Mayor, pero por el otro lado, pasa un viejo camino, quizás romano o incluso pre-romano, que lleva a la rasa del techo de la Sierra, y luego desciende por la vertiente del pueblo de Atapuerca, cruzando el río Vena, también tributario del Arlanzón, hacia Fresno de Rodilla. En toda esta zona norte hay muchas cosas dignas de verse: un mojón llamado Piedrahita que conmemora la batalla medieval de Atapuerca, un dolmen neolítico... y el camino de Santiago, que cruza de la cuenca del Ebro a la del Duero por los cercanos montes de Oca, pasa por el magnífico monasterio de San Juan de Ortega, el pueblo de Santovenia Montes de Oca, el de Agés, de bella arquitectura tradicional, el de Atapuerca, y la pedanía de Olmos de Atapuerca por donde atraviesa la sierra hacia Burgos. Otro ramal del Camino, anterior en el tiempo, sigue el curso del Arlanzón.

Alto horno en Barbadillo de Herreros, usado para fundir los railes de la línea de ferrocarril que atravesaba la Sierra de Atapuerca En la actualidad se han recuperado unas láminas de agua en el término de Atapuerca, un biotopo más, y se puede seguir un itinerario ornitológico para contemplar las aves acuáticas, que junto con los Centros de Interpretación de este pueblo y de Ibeas de Juarros, más el itinerario que ya existe en la Trinchera del Ferrocarril para ver los yacimientos y el parque arqueológico de Atapuerca, la senda verde del antiguo ferrocarril y el futuro Museo de la Evolución Humana de la cercana ciudad de Burgos, hacen del alfoz cultural de Atapuerca y sus alrededores, con el esfuerzo de todos, investigadores, vecinos y administraciones, uno de los lugares más hermosos y más interesantes del mundo. Así sea.


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