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Cuaderno de Arsuaga

¿UN EXPERIMENTO FALLIDO DE LA EVOLUCIÓN? Sábado 05 de Julio, 2008
Por Juan Luis Arsuaga
Publicado en la Revista de Canal+


Ver el mundo al revés siempre es divertido. Que los monos monten a caballo y los humanos sean incapaces de hablar resulta tan increíble que mantiene durante un tiempo la atención del espectador. Además, en el duelo entre humanos y monos nos ponemos, por “chauvinismo” de especie, de parte de los humanos y en contra de esa caricatura nuestra que nos parecen los chimpancés y los gorilas. Poco más se podría decir de la vieja película “El Planeta de los Simios”, una entretenida obra de ciencia ficción “made in Hollywood” que no tenía mayor calado intelectual, pese a que reservaba para el final un recado: si la Humanidad es tan necia que se destruye a sí misma, los grandes monos heredarán la Tierra.

La etiqueta inglesa “Science Fiction” debería traducirse mejor como ficción científica, y eso nos da pie a hacernos algunas preguntas interesantes al hilo de la antigua versión (en la que Charlton Heston todavía exhibía un torso más que aceptable) y de su reciente secuela. Si los humanos desapareciéramos por completo, o lo hiciera nuestra civilización tecnológica, ¿podrían evolucionar los simios para convertirse en criaturas tan inteligentes como el “Homo sapiens” y desarrollar una civilización propia comparable a la que ahora tenemos? Se trata en realidad de otra manera de formular la pregunta que muchas personas se hacen: ¿por qué los monos no han evolucionado como lo hemos hecho nosotros?

En realidad, los monos, así en sentido amplio, y los demás mamíferos, reptiles, aves, plantas, etc., sí han evolucionado, y algunos mucho, desde que hace unos seis millones de años empezamos nuestra andadura en solitario. Sucede que convertirse en humanos no es el fin de la evolución en general, ni el objetivo de las evoluciones particulares de los diferentes tipos de organismos, y en estos aproximadamente seis millones de años cada forma de ser viviente ha seguido su propia trayectoria evolutiva. Ni como individuos ni como especie somos los humanos inmortales, y tendrá que pasar mucho tiempo geológico para poder decir cuál de todas las opciones evolutivas ha sido la mejor. No se puede juzgar por lo ocurrido en tan sólo seis millones de años, un instante en relación con la edad de la Tierra y de la Vida.

Pero, después de todo, nuestro antepasado de hace seis millones de años no era muy diferente del actual chimpancé, por lo que si nuestra especie desapareciera no puede descartarse que alguna población de chimpancés tomara el mismo camino evolutivo que nosotros seguimos antes. Sólo es una remota posibilidad, por supuesto, ya que como se ha dicho antes, convertirse en algo parecido a un humano no es la aspiración suprema de todo ser viviente, ni la meta de la evolución.

Ahora bien, personalmente a mí me interesa, ya en el terreno de la pura especulación, otra pregunta, que veremos si se plantea en este regreso al planeta de los simios: ¿sólo se puede ser inteligente al modo humano?; ¿no podría la evolución habernos hecho menos fanáticos, menos egoístas, menos mezquinos, menos soberbios, es decir, más verdaderamente inteligentes? Después de nuestro experimento, ¿se dará la evolución una segunda oportunidad?


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