Atapuerca - Patrimonio de la humanidad

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El Portalón y la Galería del Sílex (Cueva Mayor)

LA PREHISTORIA RECIENTE DE LA SIERRA DE ATAPUERCA

Introducción

ATAPUERCA. Brazalete de Oro encontrado en Cueva Mayor (Atapuerca) El proceso de neolitización en la Meseta septentrional es lento y fruto de la colonización de gentes llegadas del sur, que se asientan en su borde meridional y oriental y que utilizan las cuevas como hábitat. Además las utilizan también como lugar de enterramiento colectivo, frente al avance del megalitismo que viene del Atlántico peninsular. Con la intensificación de la economía, durante la edad del Cobre se producen los primeros intentos de fijación de núcleos de población estable. Este proceso de sedentarización, lleva implícitos grandes cambios económicos (aumentan la ganadería y la agricultura), en la tecnología, en la cultura material y en la demografía. En el extremo oriental de la Cuenca del Duero, donde se encuentra la Sierra de Atapuerca, constatamos que se trata de un proceso que mantiene la continuidad con el poblamiento neolítico en cuevas. Posteriormente se producirá una renovación interna hacia una sociedad más jerarquizada, con la consolidación de las tumbas individuales y la aparición de objetos de prestigio entre los ajuares.

La Edad del Bronce en la Meseta, al igual que en el resto peninsular, se caracteriza por un incremento de yacimientos que muestran formas de vida predominantemente sedentarias, situados en emplazamientos defensivos, en las que se siguen incrementando tanto la producción agrícola y ganadera como la población. Estamos ante una sociedad en la que se está acelerando el proceso de jerarquización social, aunque manteniendo cierta continuidad con las tradiciones precedentes. También se conserva el uso de las cavidades como lugar de asentamiento, como espacio funerario o como santuarios con arte rupestre.

En este sentido el conjunto de la Sierra de Atapuerca, y Cueva Mayor en particular, es un exponente excepcional que aúna todas estas funciones. Un lugar de ocupación es el Portalón de entrada, donde además se han documentado sacrificios rituales en el Depósito de Caballos del nivel 71. La Galería del Sílex se constituye en un auténtico Santuario en cuyo interior se han localizado rituales funerarios, arte rupestre y gran cantidad de elementos que nos hablan de celebraciones simbólicas durante la Edad del Bronce. Por su parte el resto de las galerías de Cueva Mayor (Estatuas, Baja y Silo) se caracterizan por presentar, además de elementos funerarios y de arte rupestre, abundantes silos de almacenamiento, que dan un carácter funcional y económico a este conjunto. El final de este periodo, hace unos 2800 años (BP), va a representar la ruptura definitiva con la tradición cultural iniciada en el Neolítico, al abandonar definitivamente los hábitats en cuevas y el mundo que las rodea.

El Portalón de Cueva Mayor

Punzón tallado en hueso procedente del yacimiento de Portalón La Sierra de Atapuerca es mundialmente famosa por sus yacimientos Pleistocenos, pero también encierra tesoros más recientes. El Portalón de Cueva Mayor es una entrada de cueva situada a unos 1.040 metros de altitud y que no ha llegado a colmatarse por aportes externos. Ya en 1910, el arqueólogo Jesús Carballo descubrió el yacimiento de la edad del Bronce que se encontraba en El Portalón. Este yacimiento fue estudiado entre 1911 y 1912, y generó el interés de algunos de los más importantes arqueólogos de la época. El lugar fue visitado y estudiado por el Abate Henri Breuil (uno de los padres del estudio del arte rupestre en Francia y por Hugo Obermaier, autor de 'El Hombre Fósil'(1926). Estos investigadores se interesaron especialmente por las pinturas rupestres, sobre todo por la cabeza de caballo que se encontraba en la entrada de Cueva Mayor.

En 1925-30, J. Martínez-Santaolalla incluye el Portalón en su estudio sobre el Neolítico de Burgos. Pero los acontecimientos históricos determinaron un parón en las investigaciones en la Sierra. Nada se hizo durante decenios.

Excavación en el Portalón de Cueva Mayor (Sierra de Atapuerca, Burgos) En 1963 se obtuvieron cronologías de Edad del Bronce y en 1972, G.A. Clark, investigador de la Universidad de Arizona realizó una serie de sondeos en la Sierra de Atapuerca poniendo de manifiesto en el Portalón una importante potencia estratigráfica, que con más de 2 m de profundidad, no llego a alcanzar la base de la misma. La secuencia arqueológica recuperada se corresponde con fases culturales que van desde al menos en Eneolítico hasta la Romanización. La interesante secuencia obtenida, junto con los hallazgos del santuario del Sílex, motivaron a J. Mª Apellániz , director del Seminario de Arqueología de la Universidad de Deusto, a desarrollar en El Portalón un proyecto de investigación, que le llevaría a organizar campañas sistemáticas de excavación entre 1973 y 1983, cuyos resultados están estudiándose en la actualidad.

En la actualidad podemos afirmar que El Portalón de Cueva Mayor es uno de los mejores yacimientos de la Sierra para buscar evidencias de la última fase la evolución humana, la que comprende entre hace 127.000 y 11.000 años. BP. Los Neandertales (descendientes de los hombres y mujeres de la Sima de los Huesos) vivieron en la Sierra durante casi todo este período de tiempo, en realidad se extinguierón hace tan sólo 30.000 años, justo en el momento en que los cromañones, nuestros antepasados directos, llegaron a esta parte del mundo desde África, donde habían aparecido hace unos 200.000 años. Por tanto, puede que esta cavidad fuera lugar de ocupación de los Neandertales durante el Pleistoceno Superior. En realidad, sabemos que los Neandertales estuvieron muy cerca de la Sierra de Atapuerca y habitaron otras cuevas burgalesas (Millán, La Ermita, Valdegoba, La Blanca). Por tanto, el yacimiento del Portalón es un lugar ideal para buscar los vestigios de su posible paso por Atapuerca, ya que era un lugar habitable durante el Pleistoceno superior.

Buscando evidencias de estos humanos y de los primeros cromañones, se tomo la decisión de retomar la excavación del Portalón, tras 18 años desde los últimos trabajos de José María Appellániz. En julio de 2000 el equipo que dirige el profesor Juan Luis Arsuaga se responsabiliza de este proyecto. En nuestro particular túnel del tiempo, esperamos que El Portalón de Cueva Mayor pueda desvelarnos algunas de las páginas de la historia de la humanidad que aún permanecen ocultas en las entrañas de la Sierra de Atapuerca

Primera excavación en la Cueva Mayor (Atapuerca) en 1973, a cargo de J.M. Apellániz Antes de encontrar a los cromañones y a los neandertales hay que excavar muchos metros de sedimentos más modernos, debidos a ocupaciones mucho más recientes en esta cueva. Los niveles que se retomaron en el año 2000 tenían una antigüedad de 3.800 años BP (primeras fases de la edad del Bronce). Entre el material recuperado durante la campaña de 2000, en la limpieza de los cortes y la preparación del yacimiento, se encuentran cientos de trozos de cuencos, vasijas y otros recipientes de barro de la edad del Bronce. Algunos poseen ricas decoraciones realizadas con un punzón o con los propios dedos. Las técnicas de cocción y fabricación de las piezas también son variadas. Se han hallado puntas de flecha, botones, cuentas de collar, punzones y espátulas todas ellas talladas en hueso, y abundantísimos restos de fauna doméstica o semi salvaje (caballo, ciervo, vaca, cabra, jabalí, algunas aves, y hasta un castor). Todos los huesos están muy rotos, probablemente debido al intenso aprovechamiento de estos recursos animales. Con toda la información encontrada hasta la fecha, podemos afirmar que hace casi 4.000 años B.P. que las gentes de la Edad del Bronce comenzaron a ocupar El Portalón, y que permanecieron allí durante casi ochocientos años, dejándonos un valiosísimo registro de sus actividades. Eran magníficos artesanos y artistas que decoraban ricamente su cerámica, utilizando punzones y espátulas fabricadas en hueso o bronce. Su economía se basaba en el pastoreo, la agricultura y, en menor grado, la caza. Se han recuperado, talladas en hueso, asta o marfil: puntas de flecha, botones, cuentas de collar y diversas herramientas de varios tamaños. Además hay muchos restos de fauna doméstica y salvaje (caballo, ciervo, vaca, cabra, jabalí, castor y algunas aves).

A la entrada de la Cueva Mayor se encuentra el yacimiento del Portalón, que registra una importante secuencia de la Época del Bronce Por otro lado, los estudios geofísicos han mostrado una potencia sedimentaria de al menos 9 metros. La secuencia arqueológica documentada hasta el momento se corresponde con fases culturales que van desde al menos el Eneolítico hasta la Romanización. La Edad del Bronce es una época muy bien documentada en este yacimiento pero de la que no existe un buen registro en la Meseta Norte, lo que hace trascendente su excavación y estudio.

Partiendo de los niveles más modernos hasta los más antiguos, se registra la siguiente secuencia arqueológica:

* Una ocupación del Bajo Imperio Romano que alcanza un espesor de 30 cm y cuyo registro arqueológico se dataría en el siglo IV d.C.

* Por debajo, las ocupaciones del Bronce Final son largas y el espesor del nivel oscila en torno a los 60 cm. con fechas que están entre el 900 a.C. (con un error de 50 años) para las fases más modernas y en torno al 1.220 a.C. (con un error de 130 años) para las fases más antiguas. Se caracteriza por la presencia de cerámica decorada con la técnica del Boquique.

* Más abajo, las ocupaciones del Bronce medio son también largas pero de menor intensidad y la única fecha de que se dispone es la de 1.450 a.C. (con un error de 50 años). En esta época destacan las cerámicas lisas y las decoradas con aplicaciones. De estos niveles podemos resaltar la presencia de un importante depósito con restos de caballos, que hace referencia a rituales de sacrificio.

* Por debajo están las ocupaciones del Bronce Antiguo, de poco espesor y densidad, en las que aparecen cerámicas carenadas y muy poco decoradas, así como los punzones tipo brújula en metal y en hueso. La fecha de que se dispone para estas ocupaciones es la de 1.690 a.C. (con un error de 50 años). En la base de la excavación se hallan restos de vasos campaniformes que permiten predecir un horizonte Eneolítico más intenso.

La Galería del Sílex y el arte rupestre prehistórico en la Sierra de Atapuerca

Panel de grabados repleto de figuras geométricas, abstractas y animales, de hace al menos 4.000 años en la Galería del Sílex (Cueva Mayor, Atapuerca) Como ya se mencionó, Cueva Mayor contiene un importante conjunto de manifestaciones prehistóricas rupestres, pintadas y grabadas, entre las que destacan las de la Galería del Sílex. Desde 1997 el Equipo de Investigaciones de la Sierra de Atapuerca está llevando a cabo trabajos de prospección, documentación y estudio del arte rupestre en todo el sistema de cuevas.

La entrada a la Galería del Sílex quedó obstruida por un derrumbamiento en las postrimerías de la Edad del Bronce (2.800-2.700 B.P.) y era desconocida hasta que en 1972 el G.E. Edelweiss descubrió un acceso entre los bloques que sellaban la entrada. El acceso a la Galería del Sílex es dificultoso y se caracteriza por la peculiar belleza que confieren los diferentes tipos de formaciones calcíticas. El cierre de la entrada original desde el Bronce Final motivó que el registro antropológico y arqueológico, al menos de las últimas actividades llevadas a cabo en su interior, se conservara in situ en superficie y en un estado de conservación excepcional.

Los trabajos, realizados entre los años 70 y 80, documentaron un lote de evidencias líticas (percutores, nódulos de sílex -producto de la explotación de una cantera de sílex situada al final de la Galería-, puntas foliáceas, un elemento de hoz, etc.), de hueso trabajado (principalmente elementos apuntados), de fragmentos de huesos de fauna doméstica (caballo, oveja, cabra, vaca, cerdo y perro) y salvaje (ciervo, jabalí, oso, zorro, gato montés, liebre y conejo), de restos humanos de al menos 25 individuos (8 adultos, 5 juveniles y 12 infantiles), al menos 9 círculos de piedras, 3 silos, 1 gran estructura construida con arcilla y espeleotemas rotos para el almacenamiento de agua (asociada a una zona de filtración y goteo) y un amplio repertorio de fragmentos cerámicos cuyas formas y decoraciones evidencian una ocupación ininterrumpida de la Galería desde el Neolítico (6.500-6.300 B.P.) hasta el Bronce Final (2.800-2.700 B.P.).

En las paredes de la Galería del Sílex se documentó un amplio corpus iconográfico (casi 400 motivos), compuesto por pinturas negras y rojas, y grabados distribuidos en 53 paneles. La temática se compone de formas lineales y geométricas (retículas simples y con apéndices laterales, parrillas, trazos simples, puntos formando hileras, arboriformes, soliformes, pectiniformes, tectiformes, zigzags, ondulados, etc.) asociadas a la estética abstracta, de formas antropomorfas, y en menor número, de representaciones humanas y de animales de carácter esquemático.

Panel de pinturas (Galería del Silex, Atapuerca) Los momentos de ejecución de las representaciones artísticas de la Sierra de Atapuerca, establecidos por las relaciones estilísticas existentes entre motivos decorativos de las cerámicas y grafías rupestres, por la datación radiométrica de figuras pintadas con carbón, y por la tipología de los motivos, representan un espectro temporal amplio, relacionado con las ocupaciones de la Galería del Sílex, abarcando desde momentos neolíticos hasta el Bronce final.

La asociación y la distribución espacial de las evidencias líticas, óseas, paleontológicas, cerámicas, antropológicas y artísticas de la Galería del Sílex ponen de manifiesto un registro arqueológico desvinculado de actividades de carácter económico. Este reducido conjunto no muestra un patrón asimilable a yacimientos con registros de habitación. El estudio de las cerámicas indica una dispersión espacial (fragmentos cerámicos de un mismo recipiente se encontraban en diferentes puntos de la cavidad) que evidencia la intervención antrópica en la fracturación de las vasijas en el interior de la Galería y su posterior deposición. La distribución de los restos humanos en pequeños grupos muestra la existencia de una deposición secundaria de los cuerpos, la existencia de grupos formados por esqueletos incompletos de varios individuos y, en uno de los cráneos, la existencia de raspados antrópicos que evidenciarían un tratamiento previo de los cuerpos antes de su deposición última en el interior de la Galería. Todos estos elementos apuntan a la realización de actividades relacionadas con el mundo funerario y donde el carácter colectivo de los enterramientos y el ritual (cerámicas y arte principalmente) hubieron de jugar un papel importante, aceptándose de este modo el término de Santuario para la Galería del Sílex.

En definitiva, en la Sierra de Atapuerca, el análisis contextual de las evidencias arqueológicas ayuda a definir la naturaleza funcional de los diferentes sectores subterráneos, y a acercarse a la interpretación de su arte rupestre. Cueva Mayor se caracteriza por la existencia de una zona de hábitat situada en el Portalón de entrada y por una serie de galerías (Galería de las Estatuas, Galería Baja y Galería del Silo), en donde destacan la abundancia de hoyos excavados, una pequeña representación de manifestaciones gráficas y un registro material, en general pobre y desigualmente distribuido. En Cueva Mayor las grafías existentes se localizan en aquellos sectores donde se realizaron hoyos, si se exceptúa las del Salón del Coro. Esta asociación es diferente a la detectada en la Galería del Sílex y, a pesar de no conocer su significado, muestra una intencionalidad desigual en la agrupación de las evidencias antrópicas. En la Galería del Sílex destacan el conjunto cerámico, las muestras iconográficas y los restos humanos, algunos de ellos pertenecientes a inhumaciones.

Dólmenes neolíticos en la Sierra de Atapuerca

Dolmen Neolítico en las proximidades de la localidad de Atapuerca Al pie de las laderas de la Sierra de Atapuerca se conservan dos dólmenes neolíticos, uno excavado y otro intacto, aún cuando hay noticias y referencias de la existencia de un conjunto de tres o cuatro. Alguno de estos fue dado a conocer por J.L. Uribarri quien exhumó uno de ellos en los primeros años de la década de los 70, dejando al descubierto tres losas de la cámara. Posteriormente, en los años noventa, G. Delibes, M. Rojo y J. Palomino continuaron los trabajos hasta descubrir toda la cámara, estando pendiente de reconocer el posible corredor o pasillo. Como la mayoría de los dólmenes conocidos en la zona, se trata de un auténtico monumento funerario constituido por un gran túmulo de 25 m de diámetro y de cerca de 2 m de altura. De uno de sus extremos parte un pasillo que conduce al centro del círculo donde se localiza la cámara funeraria, depositándose aquí los difuntos junto con algunas ofrendas (cuchillos y puntas de flecha de sílex, cerámicas lisas y en el mejor de los casos, cuentas de collar o elementos pétreos u óseos para adorno).

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