Atapuerca - Patrimonio de la humanidad

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Sima de los Huesos

Por Ignacio Martínez, Ana Gracia y Juan Luis Arsuaga

El mayor yacimiento de fósiles humanos de la historia

ATAPUERCA. Sierra de Atapuerca nevadaLa Sima de los Huesos es una pequeña cavidad enclavada en uno de los vericuetos de la Cueva Mayor de la Sierra de Atapuerca, una modesta elevación del terreno situada a unos 12 kilómetros al este de la ciudad de Burgos. Con sus 3.700 metros topografiados, el complejo de galerías denominado Cueva Mayor-Cueva del Silo se encuentra entre los más largos de la Cuenca del Duero y tiene, en la actualidad, dos entradas. Una de ellas, denominada el Portalón, contiene uno de los mayores yacimientos de la Edad del Bronce de la Meseta Norte y en una de sus paredes se distingue una enigmática pintura rupestre que representa, en trazo rojo, el contorno de la cabeza de un caballo.

En el extremo oriental del Portalón se encuentra el acceso a la Galería del Sílex, que guarda un espectacular santuario prehistórico de finales del Neolítico y de la Edad del Bronce. Este santuario fue descubierto intacto, a finales de los años 70 del pasado siglo XX, por miembros del burgalés Grupo de Espeleología Edelweiss (GEE), tras abrir un paso cegado por causas naturales desde hacía milenios. Como veremos más adelante, el GEE ha estado siempre presente, con un destacado papel, en los grandes descubrimientos realizados en la Sierra de Atapuerca.

Sala del Coro (Cueva Mayor, Atapuerca)A su vez, en el costado occidental del Portalón se encuentra la entrada de otra Galería que, tras un angosto paso, se abre en una colosal caverna de techo altísimo, denominada Sala del Coro. En el otro extremo de esta sala, a unos 100 metros del Portalón, hay una encrucijada de tres galerías que discurren en direcciones diferentes: hacia el norte, la denominada Galería de las Estatuas, en dirección noroeste la Galería Baja, y hacia el sur la Galería del Silo. La Galería Baja llega a cortar la Trinchera del Ferrocarril en el yacimiento denominado la Sima del Elefante, que fue una antigua entrada, hoy colmatada, a este sector de la red cárstica.

Siguiendo por la Galería del Silo, y tras franquear una estrecha gatera, se accede a otra enorme sala, la Sala de los Cíclopes, situada a unos 600 metros del Portalón. Las excavaciones realizadas en esta caverna han revelado que fue un lugar escogido por los osos para hibernar. Unos osos que pertenecían a una especie extinguida hace más de 120.000 años y cuyo nombre científico es 'Ursus deningeri'. No sólo se han encontrado fósiles de este tipo de oso en la Sala de los Cíclopes, también han quedado en el suelo de una pequeña oquedad lateral las depresiones circulares, denominadas “camas” o “yacijas”, que dejaron estos animales al acostarse. Y sobre la arcilla, todavía fresca, de las paredes ha quedado impresa la huella de la zarpa de uno de aquellos animales.

Paso de la Gatera en la Cueva MayorEn el extremo sureste de la Sala de los Cíclopes hay una rampa que asciende hasta una pequeña galería ciega, en cuyo extremo se abre una sima de unos cuatro metros de diámetro y de unos catorce metros de profundidad; es la denominada Sima de los Huesos. Al pie de esta sima se encuentra una rampa descendente, de suelo arcilloso, techo bajo y de unos tres metros de anchura por casi diez metros de longitud. A este sector del yacimiento se le denomina SR (Sima-Rampa) y desemboca en una pequeña sala rectangular, de 7 metros de longitud por tres metros de anchura, denominada SH (Sima de los Huesos). Aquí se viene excavando sistemáticamente, desde 1984, el mayor yacimiento de fósiles humanos de la historia.

Historia de un descubrimiento

Aunque la Sierra de Atapuerca es conocida internacionalmente por sus yacimientos pleistocenos, lo cierto es que las primeras investigaciones se centraron en períodos más recientes de la prehistoria. Así, Jesús Carballo publicó en 1910 las primeras evidencias arqueológicas y paleontológicas de Cueva Mayor, mencionando la existencia en el Portalón de la representación de la cabeza de caballo pintada en rojo, que Henri Breuil incluyó dentro del arte paleolítico franco-cantábrico. Otros célebres investigadores de la época, como Hugo Obermaier, Emilio Alcalde del Río o Martínez Santa-Olalla, también estudiaron este yacimiento.

Primera excavación en la Cueva Mayor (Atapuerca) en 1973, a cargo de J.M. ApellánizPosteriormente, Francisco Jordá, en 1964, y Geoffrey Clark, en 1971, realizaron las primeras excavaciones sistemáticas en el Portalón, documentando una potente secuencia estratigráfica. Como ya se ha mencionado, tras despejar un acceso cerrado desde hacía milenios, el GEE descubrió en 1972 la Galería del Sílex, un santuario que abarca desde época Neolítica hasta la Edad del Bronce, con zonas de enterramientos, abundantes manifestaciones de arte rupestre, interesante material cerámico y evidencias de explotación de sílex. Todo ello, conservado intacto hasta nuestros días. Entre 1973 y 1983 José María Apellániz realizó nuevas campañas de excavación en el Portalón, interviniendo en una superficie mucho más extensa que la de las intervenciones anteriores, y también coordinó los estudios realizados en el santuario de la Galería del Sílex.

En 1976, coincidiendo con las excavaciones de Apellániz, tuvo lugar un suceso inesperado que cambió para siempre el rumbo de las excavaciones en la Cueva Mayor. Ese año, Trinidad Torres, un estudioso de la evolución de los osos en la Península Ibérica, llevó a cabo una campaña de excavación en los rellenos pleistocenos de la Trinchera (en los yacimientos de Gran Dolina y Galería), a la búsqueda de mamíferos fósiles, especialmente osos. En el curso de esa campaña, miembros del GEE alertaron a Torres de la riqueza en fósiles de oso de la Sima de los Huesos.

Pintada del S.XVI en la Cueva Mayor de AtapuercaEn efecto, tal como atestiguan los numeroso graffitis de sus paredes, el sector de la Cueva Mayor en el que se enclava la Sima de los Huesos ha sido visitado desde hace siglos por personas de las poblaciones cercanas. En concreto, la Sima de los Huesos era un lugar especialmente atractivo por su gran riqueza en restos de osos, siendo los caninos de estos animales la pieza más codiciada por los excursionistas que durante décadas accedieron al yacimiento.

Animado por estos informes, Torres concertó con miembros de dicho grupo de espeleología la realización de una breve campaña de excavación en la Sima de los Huesos, que se llevó a cabo ese mismo año. Inesperadamente, entre los numerosos restos de oso que se obtuvieron, se encontró una mandíbula humana. La asociación de este resto humano con los fósiles de oso, perteneciente a una especie extinguida desde hace más de 120.000 años, sugería una gran antigüedad para el fósil humano.

Consciente de la importancia del hallazgo, Torres llevó la mandíbula humana a su director de tesis, y experto en temas de evolución humana, Emiliano Aguirre, quien reconoció en la mandíbula la existencia de rasgos arcaicos propios de las poblaciones humanas europeas del Pleistoceno Medio. Este hecho ratificó la importancia del hallazgo. Más tarde, una inspección más detallada de los fósiles obtenidos en la excavación de 1976 dio como fruto el reconocimiento de más fósiles humanos: algunos dientes y nuevos fragmentos de mandíbula, de cráneo, y de huesos largos.

Atapuerca foto. Mandíbula humana AT-1, el primer fósil humano identificado en la Sima de los Huesos en el año 1976Dos años después, en 1978, Aguirre emprendió la tarea de excavar el conjunto de yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca, tanto los ubicados en la Trinchera del Ferrocarril, como la propia Sima de los Huesos. Para ello, reunió un equipo interdisciplinar, formado por un conjunto de especialistas en geología, arqueología y paleontología, que comenzó los trabajos en los yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril. Aunque el yacimiento más atractivo era la Sima de los Huesos, donde se habían hallado los fósiles humanos, sus peculiares condiciones no permitieron su excavación sistemática hasta 1984, aunque en 1983 se realizó un pequeño muestreo en el que se hallaron nuevos fósiles humanos.

El interior del yacimiento de la Sima de los Huesos en plena excavaciónLa Sima de los Huesos no tiene parangón en ningún otro yacimiento del mundo. En ninguna otra parte se hace necesario recorrer un abrupto camino de casi un kilómetro por el interior de una cueva, descender al fondo de una profunda sima y trabajar en una atmósfera extremadamente pobre en oxígeno. Por otra parte, las actividades de los espeleólogos aficionados, que año tras año, habían accedido al yacimiento a la búsqueda de los preciados fósiles de oso, habían alterado profundamente los niveles superiores de sedimentos, rompiendo numerosos huesos y mezclándolos con restos de basura y bloques de caliza en un amasijo informe. De manera que, antes de pensar en iniciar una excavación sistemática y rigurosa, era preciso evacuar del yacimiento toneladas de estos sedimentos alterados y bloques de roca caliza con el fin de acceder a los niveles que hubieran podido quedar intactos.

En la breve visita realizada al yacimiento en 1983 se extrajeron unos pocos kilos de sedimento para comprobar si aún quedaban fósiles humanos en la Sima de los Huesos, El hallazgo de dos dientes humanos, al lavar y tamizar cuidadosamente los sedimentos extraídos, confirmaron el gran potencial científico del yacimiento. A la luz de estos hallazgos, se determinó comenzar, en la siguiente campaña de excavación, la intervención sistemática en el yacimiento.

Los 14 metros de altura del pozo que conduce al yacimiento de la Sima de los Huesos, se descienden a través de una escala.En la campaña de 1984 se estableció la estrategia de excavación y se instaló la infraestructura básica para llevarla a cabo. Así, se decidió evacuar los sedimentos alterados, en mochilas transportadas por los miembros del equipo de excavación, hasta la orilla del cercano río Arlanzón. Allí, se dejaban secar los sedimentos y luego eran lavados sobre tamices para recuperar los fragmentos de hueso. Dichos fragmentos eran posteriormente triados a la búsqueda de restos humanos.

Para realizar esta tarea, se hizo preciso llevar la luz eléctrica hasta la Sima de los Huesos, ya que el empleo de carbureros consumía una buena parte del poco oxígeno presente en el aire del yacimiento. Con este propósito, el equipo tendió un cable eléctrico, de casi un kilómetro de longitud, desde el Portalón hasta la Sima de los Huesos, en donde se dispuso una sencilla instalación eléctrica, consistente en unos cuantos enchufes y bombillas. También se instaló una cuadrícula aérea, anclada en el techo de roca, con el propósito de establecer un sistema de referencias en el que situar los futuros hallazgos, de acuerdo con el método arqueológico.

En los últimos días de la campaña de 1984, se descubrió que en el extremo oeste del yacimiento el nivel de sedimentos revueltos tenía muy poco espesor, quedando al descubierto una pequeña área de niveles inalterados. En esta zona (conocida como Área A) se descubrieron 4 fósiles humanos, a los que se sumaron los 78 restos que se hallaron al lavar, tamizar y triar los sedimentos revueltos.

Durante la campaña de 1985 se excavó sistemáticamente el área A, hallándose en ella 3 nuevos fósiles humanos. Pero el nivel con fósiles humanos resultó ser muy delgado y pronto se agotó. Se hizo evidente entonces que los esfuerzos deberían concentrarse en la evacuación del material revuelto, que ocupaba la mayor parte del yacimiento, en la esperanza de que el mismo nivel con fósiles humanos hallado en el área A se encontrara también, bajo la capa de material alterado, en otras zonas del yacimiento.

Esta tarea, ya iniciada en 1984, se llevó a cabo durante las campañas de 1985 a 1989, en las que se extrajeron de la Sima de los Huesos, sin el concurso de maquinaria alguna, más de 12 toneladas de bloques calizos y sedimentos removidos. Este enorme trabajo dio como fruto el hallazgo de 131 nuevos fósiles humanos.

En 1987, el equipo diseñó e instaló en el yacimiento una plataforma suspendida, anclada a las paredes, que permitió trabajar sin pisar el suelo. También en este año, se practicó una perforación desde el exterior al techo de la vecina Sala de los Cíclopes, lo que facilitó la evacuación de los sedimentos fosilíferos y mejoró algo la ventilación en la Sima de los Huesos.

Muchos de los fósiles que se han encontrado en la Sima de los Huesos han aparecido en el lavado de los sedimentosDurante la campaña de 1989, se finalizó la evacuación del sedimento removido, aunque la noticia más importante de ese año fue el descubrimiento, en el área A, que el nivel de fósiles humanos hallado en 1984, y aparentemente agotado en 1985, se extendía por un área mayor de lo que se había supuesto entonces. A la excavación sistemática de este nivel, siguiendo el método arqueológico, se dedicó el final de la campaña de 1989 y parte de los esfuerzos de la de 1990, recuperándose en él 47 nuevos fósiles humanos.

La campaña de 1990 supuso un punto de inflexión en las excavaciones en la Sima de los Huesos. Por una parte, se delimitó la extensión del nivel fértil en fósiles humanos del área A, que resultó ser muy reducida, dando la impresión de que el yacimiento estaba próximo a agotarse. En segundo lugar, se localizó el lugar exacto de la cueva en el que se depositaron los sedimentos desechados por el equipo que realizó la excavación de 1976. Estos sedimentos fueron evacuados al exterior durante las excavaciones de 1989 a 1991. El lavado y posterior triado de este material produjo un total de 161 nuevos fósiles humanos. Finalmente, en los últimos días de la campaña de 1990 se hallaron media docena de fósiles humanos en otra zona del yacimiento próxima a la pared norte del yacimiento. Este nuevo punto de excavación pasó a denominarse Área B. Los nuevos fósiles humanos recuperados en Área B eran los más completos y mejor conservados de los hallados hasta la fecha.

Entre los años 1984 y 1990, ambos inclusive, se había encontrado en la Sima de los Huesos un total de 389 fósiles humanos. De ellos, 335 procedían de los sedimentos alterados por espeleólogos aficionados, y 54 habían sido hallados en los sedimentos inalterados (en las áreas A y B). Aunque el número de fósiles era realmente impresionante, y superaba al de cualquier otro yacimiento de su época (el Pleistoceno medio: entre hace 780.000 años a hace 120.000 años), lo cierto es que la mayor parte de los fósiles eran fragmentos muy pequeños de los que, aparentemente, se podía extraer muy poca información... tal como gustaban de recordarnos (un poco malévolamente) algunos colegas. Pero ésa era una falsa impresión. Había dos elementos esqueléticos relativamente abundantes en la colección de fósiles humanos de la Sima de los Huesos que aportaban una información muy relevante.

Los dientes, gracias a su resistencia y al gran número de piezas por individuo, son un fósil muy abundantes en Sima de los Huesos. Representan al menos a 28 individuosPor un lado los dientes, cuyo estudio permitió establecer en veinte el número mínimo de individuos (o de dentaduras, si se prefiere) representados por los restos recuperados en el yacimiento. Una cifra excepcionalmente alta entre los yacimientos con fósiles humanos de cualquier época o lugar. Los fósiles humanos se encuentran entre los más raros, por escasos, del campo de la paleontología; por eso son tan valiosos. Solo una pequeña fracción de los yacimientos arqueológicos ha proporcionado fósiles humanos. Y sobran dedos de la mano para contar los yacimientos, de la antigüedad de la Sima de los Huesos, en los que el número mínimo de individuos sobrepase la media docena. Y no se trata sencillamente de batir una marca (“mi yacimiento tiene más individuos que el suyo”), sino de una cuestión capital desde el punto de vista científico. Si el número de individuos en una muestra es muy bajo, no es posible conocer la variabilidad de la población original y, por tanto, es muy difícil valorar los resultados de cualquier estudio. En cambio, cuando el número de individuos es alto, se hace posible determinar las causas y grados de la variabilidad biológica y se pueden extraer conclusiones firmes sobre los humanos fósiles. En este contexto, se comprende la importancia del dato de que los fósiles de la Sima de los Huesos correspondieran a tantos individuos.

Pero, por otra parte, de poco sirve tener muchos individuos identificados por sus dientes si no se conserva mucho más de sus esqueletos. Y aquí es donde cobraba importancia el otro elemento esquelético relativamente abundante en la muestra de la Sima de los Huesos: las falanges de manos y pies. Estos pequeños huesos se encuentran entre los más frágiles y delicados del esqueleto humano, hasta el punto que son excepcionales en yacimientos de la antigüedad de la Sima de los Huesos. De hecho, entre todos los yacimientos del Pleistoceno medio, sólo se conocía una falange humana fósil, procedente del yacimiento de Zhoukoudien en China (el celebérrimo “Hombre de Pekín”). Pues bien, en aquellos años se habían recuperado algo más de sesenta falanges en Sima de los Huesos, lo que constituía una cifra asombrosa. Este dato llevó a los miembros del equipo de excavación a sostener el argumento de que, si los huesos más frágiles aparecían en el yacimiento, era lógico pensar que también estuvieran en algún lugar del mismo el resto de los elementos del esqueleto.

Todas las regiones del esqueleto están reperesentadas en la Sima de los Huesos. Si las juntasemos podriamos tener un esqueleto compuesto como el de la imagen, si bien muy probablemente no represente un único individuoLa campaña de 1991 se inició bajo una nueva dirección científica. Hasta 1990, año de su jubilación, Emiliano Aguirre fue el director de las excavaciones en los distintos yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca. Durante esos años, el equipo de excavación se había ido articulándo en torno a los tres colaboradores más destacados de Aguirre: Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. Este hecho recomendó que el equipo adquiriese una estructura diferente y relativamente original, con una dirección colegiada a cargo de los tres líderes de los diferentes equipos. En esta línea, Arsuaga, que había sido el encargado de dirigir la excavación de la Sima de los Huesos en la época de Aguirre, continuó desempeñando esa labor.

En esta campaña, 1991, se terminó de excavar el depósito de los desechos de la excavación de 1976 (con un balance de 54 nuevos fósiles humanos), y se acometió la excavación sistemática del área B, en donde, como ya queda dicho, se habían encontrado 6 fósiles humanos muy completos en 1990. Pronto se vio que el nivel en donde se encontraron esos fósiles humanos no había sido alterado por los espeleólogos aficionados, lo que hizo concebir esperanzas de hallar, en el área B, nuevos fósiles humanos muy completos y bien conservados. Estas expectativas fueron ampliamente colmadas ya que al final de la campaña se habían recuperado, en una superficie de apenas un octavo de metro cuadrado, excavada en tan sólo 20 cm de profundidad, 112 fósiles humanos nuevos. Pero lo más importante no era el número de fósiles hallados en un nivel estratigráficamente intacto, sino el extraordinario estado de conservación de estos fósiles. Además, se hallaron huesos de regiones del esqueleto de las que no había representación, o era muy escasa, en ningún otro yacimiento de su época. La Sima de los Huesos empezaba a configurarse como un yacimiento excepcional, tanto en número de fósiles como en la importancia científica de éstos.

Excavación del Cráneo número 4 (Agamenón) en el año 1992Pero esta nueva situación también representaba nuevas condiciones de trabajo y nuevos retos. Los fósiles procedentes de los sedimentos no alterados eran mucho más frágiles que los de los sedimentos revueltos, lo que hacía de su excavación una tarea más delicada. Fue preciso emplear consolidantes para poder extraer los restos óseos del sedimento sin deteriorarlos. Debido a la gran humedad relativa del aire de la Sima de los Huesos no se pudieron usar los consolidantes habituales, que van disueltos en agua, y se hizo necesario elaborar otros, disueltos en acetona. Por otra parte, el excavar en niveles no alterados exige una metodología distinta, más sistemática, que el hacerlo en sedimentos removidos. En esencia, se trata de registrar, con la mayor exactitud posible, la posición tridimensional de cada fósil antes de extraerlo. Este método es el habitual en cualquier excavación arqueológica.

Pero no hay ninguna excavación en el mundo comparable a la de la Sima de los Huesos. En ningún otro yacimiento se recuperan, cada campaña, más de un centenar de fósiles humanos. Por ello, se decidió modificar la aplicación del método arqueológico tradicional en un detalle muy importante: mientras que los mapas de excavación, en otros yacimientos, se suelen realizar a escala 1:10, en la Sima de los Huesos se dibujan a escala 1:1. Este cambio de escala implica un aumento correlativo en la precisión de los mapas, siendo los realizados a escala 1:1 diez veces más exactos que los hechos a escala 1:10. Pero este aumento de la precisión, también incrementa notablemente el trabajo necesario para realizar los mapas a la nueva escala.

Una vez excavados, los fósiles de la Sima de lo Huesos son mapados. De este modo, podemos conocer la posición exacta en la que se encontraban los restos antes de su extracciónAdemás de modificar el plan de actuación durante la excavación, también se hizo necesario cambiar la manera de trabajar en el laboratorio. Ahora había muchos más fósiles que limpiar, restaurar y volver a consolidar; todo ello sin perder la referencia del origen exacto de cada uno. Con este fin, se replanteó todo el método de trabajo en la excavación y el laboratorio y se establecieron protocolos para optimizar el trabajo en el reducido tiempo de una campaña de excavación.

La campaña de 1992 fue planificada de acuerdo a objetivos muy ambiciosos. Por una parte, continuar la excavación sistemática del nivel fértil en fósiles humanos del área B, y, por otro lado, iniciar la excavación en zonas limitadas y escogidas (catas) en la rampa de acceso al yacimiento (la denominada Sima-Rampa, o SR). Las excavaciones en estas catas (nombradas de abajo arriba como SRB, SRM y SRA) aportaron una valiosísima información para entender la estratigrafía y el origen del yacimiento. Además, se recuperaron 16 fósiles humanos en SRB y SRM, algunos de los cuales pudieron ser puestos en conexión con otros procedentes de los sedimentos del lugar SH, poniendo de manifiesto que los esqueletos se depositaron originalmente en la rampa.

Aunque estos hallazgos eran muy importantes, fueron los extraordinarios descubrimientos realizados ese año en la excavación del área B, los que catapultaron al yacimiento de la Sima de los Huesos, y por ende a la Sierra de Atapuerca, al primer plano de la actualidad científica mundial.

Un momento histórico: despues de trabajar durante toda la campaña de 1992 en su extracción, el Dr. Martínez entrega al Profesor Arsuaga el Cráneo 4 de la Sima de los HuesosEn los primeros días de la campaña se descubrió un neurocráneo humano completo (el Cráneo 4), bautizado informalmente como Agamenón, en un homenaje a la arqueología clásica. Para ilustrar la importancia del hallazgo, basta decir que en el registro fósil europeo de esa antigüedad solo se conocía un ejemplar comparable. La tarea de exhumar este fósil ocupó la práctica totalidad de la campaña y exigió la excavación de un área de cerca de un cuarto de metro cuadrado, hasta una profundidad de unos 25 cm. En ese reducido volumen fueron hallados otros 200 fósiles humanos, incluyendo un segundo cráneo humano (el Cráneo 5), apodado como Miguelón, en honor del pentacampeón del Tour de Francia, Miguel Indurain. A diferencia de Agamenón, Miguelón conserva también los huesos de la cara y es, hoy día, el cráneo humano fósil más completo y mejor conservado jamás descubierto. Más aún, algunos fragmentos craneales hallados ese año permitieron, junto con otros rescatados en campañas anteriores, reconstruir un tercer cráneo, también muy completo, de un individuo de unos 13 años de edad (el Cráneo 6), nombrado como Rui en honor de un burgalés inmortal, también llamado Rodrigo Díaz de Vivar.

Atapuerca foto. El Cráneo 5 de la Sima de los Huesos, aparecido en el año 1992.
Archivo AtapuercaLos hallazgos de 1992 supusieron un auténtico punto de inflexión en cuanto a la consideración internacional de la importancia del yacimiento, que pasó a ser contemplado como uno de los yacimientos de fósiles humanos más importantes del mundo, y la clave para la comprensión de la evolución humana en Europa durante el Pleistoceno Medio.

Desde entonces, las campañas de excavación se han sucedido ininterrumpidamente, verano tras verano, en la Sima de los Huesos. A lo largo de estos años el yacimiento ha continuado siendo pródigo en hallazgos extraordinarios. Así, en la campaña de 1994, la misma en la que se descubrieron en el nivel TD6 de la Gran Dolina los primeros fósiles de 'Homo antecessor', se descubrió y exhumó la única pelvis (Pelvis 1) prácticamente completa y no deformada del registro fósil de los homínidos. Siguiendo con la tradición de dar nombres informales a los fósiles excepcionales, fue apodada como Elvis, en recuerdo del cimbreante rey del rock´n´roll, Elvis Presley. En estos últimos catorce años hemos encontrado varios miles de fósiles humanos más en la Sima de los Huesos, hasta un total, siempre provisional, de 5.500 fósiles humanos. Una cifra inconcebible hace tan sólo una década y que supera el total de fósiles humanos hallados en el resto de yacimientos del planeta.

La Pelvis 1 ('Elvis') de la Sima de los Huesos (Burgos, Atapuerca). Es la más completa del registro fósil mundial y pertenece a un individuo masculino de la especie 'H. heidelbergensis'Con todo, el hallazgo más intrigante, y quizá el más trascendente, de todos los realizados en la Sima de los Huesos no ha sido un fósil humano. En 1998 se descubrió, en el mismo nivel que los fósiles humanos, la única herramienta lítica encontrada en este yacimiento. Se trata de un hacha piedra, o bifaz, tallada en roca cuarcita de color rojo, a la que hemos apodado Excalibur.

El tipo de talla corresponde al denominado Modo 2, o Achelense, que es el correspondiente al tipo humano (ver más adelante) hallado en la Sima de los Huesos. Este modo tecnológico se encuentra ampliamente representado en otros yacimientos de Atapuerca, en la Trinchera del Ferrocarril, de antigüedad equivalente, como la Galería y los niveles altos de Gran Dolina. Es interesante destacar que en esos yacimientos son muy escasas las piezas del mismo formato y materia prima que el bifaz de la Sima de los Huesos.

Todos estos hallazgos, Elvis, Excalibur y el grueso de los miles de nuevos fósiles humanos proceden del Área B, en SH, cuya excavación dista mucho de estar agotada. Las últimas campañas de excavación (2002-2005) se han realizado atendiendo a una nueva estrategia científica. En vez de seguir interviniendo en el Área B, cuya riqueza en fósiles humanos está firmemente establecida, se han centrado los mayores esfuerzos en profundizar las excavaciones en SR y en excavar en otros puntos, distintos del Área B, en SH. Se trata de ampliar los datos sobre otros aspectos igualmente relevantes del yacimiento: confirmar la estratigrafía propuesta, precisar la datación del yacimiento y determinar la geometría del depósito.

La única pieza de industría lítica encontrada en la Sima de los Huesos: un bifaz realizado en cuarcíta roja y apodado ExcaliburComo resultado de estas actuaciones se han hallado varias decenas de nuevos fósiles humanos en la parte más alta de SR (en el punto de excavación denominado SRA), que pertenecen, sin ninguna duda, a los mismos individuos que se encuentran en SH, confirmando los resultados de campañas anteriores sobre el lugar original de deposición de los esqueletos. Además, en este punto (SRA) ha sido posible datar con total seguridad el depósito fosilífero en más de 350.000 años. Más adelante nos ocuparemos en extenso de la cuestión de la datación de los fósiles de la Sima de los Huesos. Pero antes, dedicaremos unas líneas a una pregunta que suscita la mayor curiosidad en el público general: ¿Cuánto queda aún por excavar en la Sima de los Huesos?

Ésta es una pregunta que no admite una solución definitiva debido a la propia naturaleza del yacimiento. De hecho, fueron necesarios muchos años de trabajo para empezar a comprender, a partir de los escasos datos obtenidos en cada campaña de excavación, la complejidad geológica del mismo.

Entre los fósiles humanos de la Sima de los Huesos aparecen mexclados los restos de al menos 167 osos, pertenecientes a la especie 'Ursus deningeri', un antepasado del oso de las cavernasLos fósiles humanos aparecen sedimentados, junto a fósiles de oso (de la especie 'Ursus deningeri'), en un estrato de arcillas de color rojo. Este nivel sedimentario se depositó sobre un relieve irregular previo, fruto de anteriores episodios de rellenado y erosión. A su vez, este nivel de arcillas rojas, rico en fósiles humanos, fue alterado por la posterior circulación de agua, resultando en un nuevo relieve irregular. Tiempo después, otra capa, que sólo contiene fósiles del mismo tipo de oso y de otros carnívoros (ver más adelante), cubrió los sedimentos ricos en fósiles humanos. De manera que los distintos niveles no tienen un espesor constante a lo largo del yacimiento, ni están situados horizontalmente unos sobre otros, sino que a menudo se ponen en contacto lateralmente.

A esta geometría irregular del depósito, consecuencia de su compleja historia geológica, hay que añadir que los fósiles humanos no están distribuidos homogéneamente en su correspondiente nivel de arcillas rojas. Por el contrario, en algunas partes de SH, como el Área B o el Área A, se encuentran acumulados, mientras que en otras zonas del yacimiento son escasos o inexistentes. Esta distribución tan caótica es la consecuencia de que los huesos llegaron a SH acarreados, por pequeños “aludes” de barro, desde su lugar original de deposición en la rampa (SR).

Una vez que los fósiles son recuperados del yacimiento y lavados, se extienden hasta que se secan por completoComo resultado de todo ello, no es posible predecir con exactitud cuánto tiempo será necesario para completar la excavación del yacimiento. Pero sí hay un dato muy interesante: el equipo que trabaja en SH ha estimado el porcentaje de fósiles humanos, respecto del total de los acumulados originalmente en el yacimiento, que ya han sido recuperados. Para realizar este cálculo, se ha partido de la certeza de que en la Sima de los Huesos se acumularon los esqueletos completos de al menos 28 individuos. Este dato, junto con los estudios realizados sobre el patrón de fracturación de los fósiles humanos en el yacimiento, permiten hacer una estimación prudente del número de restos fósiles esperados en el yacimiento. Pues bien, el equipo piensa que, hasta la fecha, sólo se ha recuperado alrededor de un tercio del total de fósiles humanos del yacimiento.

La edad del yacimiento

Uno de los conocimientos del campo de la Paleontología que más fascina al público en general es el de la antigüedad de los fósiles. Resulta asombroso que se pueda saber con tanta precisión la edad de acontecimientos muy remotos, que nadie ha presenciado. Aunque queda fuera del propósito de estas páginas el explicar detalladamente las diferentes técnicas de las que se valen los científicos para datar los fósiles, sí podemos hacer algunas consideraciones generales que resultan útiles para comprender la base del método y valorar los resultados.

En Paleontología existen dos formas de datar un acontecimiento. Una manera de hacerlo consiste en establecer su datación relativa; es decir, situar un acontecimiento en una escala de sucesos ordenada temporalmente. Por este procedimiento, la antigüedad queda establecida en términos de “ocurrió antes de, y después de”, pero no implica el conocimiento de la edad exacta. Este concepto puede ser ilustrado con un caso de la vida cotidiana. Los términos abuela, madre e hija establecen una datación relativa entre tres mujeres, siendo la abuela la mayor, la madre la de edad intermedia y la hija la más joven, pero no nos informan sobre la edad exacta de las tres mujeres. El establecimiento de la edad exacta (o aceptablemente precisa) de los acontecimientos es el objetivo de las técnicas de datación absoluta. En el caso anterior se trataría de conocer las edades de la abuela, la madre y la hija.

Los materiales y métodos de excavación son el punto de partida para el trabajo de gabinete y la posterior publicación de los resultadosHabitualmente, se comete el error de pensar que el término “absoluta”, referido a una datación, implica un significado del tipo de “definitiva” o “incontestable”. En paleontología no existen dataciones definitivas o incontestables, éstas son siempre objeto de contrastación por técnicas diferentes y sólo cuando los datos obtenidos por métodos diferentes (“relativos” o “absolutos“) coinciden, se puede pensar que se tiene un conocimiento razonablemente aproximado (que siempre puede ser mejorado mediante la aplicación de nuevas técnicas) de la edad del fósil o del yacimiento.

El establecimiento de la edad relativa de los yacimientos (y por tanto de los fósiles contenidos en ellos) es una tarea de la que se encarga la Bioestratigrafía. En esencia, se trata de construir un marco cronológico (o escala cronobioestratigráfica) en el que se ordenan temporalmente las distintas especies que han vivido a lo largo de la historia de la vida. Para realizar esta tarea, los científicos emplean conceptos y métodos procedentes del campo de la geología (como el principio de superposición de los estratos) y de la biología (como es la naturaleza irreversible del proceso evolutivo). De este modo, las diferentes especies fósiles que aparecen en un yacimiento le indican al biostratígrafo el momento temporal al que corresponde.

Por su parte, las técnicas empleadas habitualmente para realizar las dataciones absolutas se basan en el fenómeno de la radioactividad natural para establecer cuánto tiempo ha pasado desde que sucedió determinado acontecimiento. Para ello, se miden las proporciones relativas de determinados isótopos (que son los que dan nombre a cada técnica), que van cambiando en función directa del tiempo transcurrido. Si el acontecimiento datado es la muerte del organismo que produjo el fósil (como en el caso de la celebérrima técnica denominada 'carbono-14'), entonces se establecerá directamente la antigüedad de dicho fósil. Pero más frecuentemente, el acontecimiento que puede ser datado por estos métodos es la formación de determinados tipos de rocas, como los basaltos volcánicos (la técnica conocida como "potasio/argón") o los espeleotemas, estalactitas y estalagmitas, (con la técnica denominada como "series de uranio").

Gracias al mapado de los fósiles en la Sima de los Hueso, podemos dónde y en qué posición se encontraba cada fósil en el yacimientoHay una cuestión de la máxima importancia a la hora de comprender y valorar una datación obtenida mediante estos medios, basados en propiedades físicas. Se trata del denominado alcance máximo, límite, o rango, del método; es decir, la edad máxima que puede alcanzarse, con precisión aceptable, con cada técnica concreta. Actualmente, el límite del método del carbono-14, por ejemplo, se sitúa alrededor de los 40.000 años de antigüedad; más allá de esa antigüedad los resultados de esta técnica no son fiables y no se emplea para datar acontecimientos que superen esa fecha. En esencia, el alcance máximo de cada técnica viene condicionado por la capacidad de la tecnología para medir con precisión el número exacto de átomos de los isótopos correspondientes. Inevitablemente, todos los instrumentos de medida tienen un margen de error y la magnitud de dicho error determina la fiabilidad de los resultados a partir de una fecha determinada, que varía con cada método. Cuando se produce un avance tecnológico que permite disminuir el error, y aumentar la precisión de la medida, en un método determinado, entonces aumenta el alcance máximo de dicho método. Así ocurrió, por ejemplo, con el carbono-14 hace algunos años, cuyo alcance aumentó al emplear aceleradores de partículas asociados a los aparatos de medida.

Después de esta breve incursión en el mundo de las dataciones, volvamos de nuevo al caso de la Sima de los Huesos. Ya se ha comentado que cuando se halló la primera mandíbula humana en la campaña de 1976, su asociación en el yacimiento con los fósiles de 'Ursus deningeri' sugería una gran antigüedad para el resto. Puesto que dicha especie de oso se extinguió hace alrededor de 120.000 años, ésa parecía la edad mínima atribuible al fósil humano. Sin embargo, el hecho de que los niveles del yacimiento de los que procedían tanto los fósiles de oso como los humanos hubieran sido removidos por los espeleólogos aficionados cuestionaba esta datación. Había autores que sugerían que los fósiles de los osos podían proceder de un estrato diferente del de los humanos y tener, por tanto, edades diferentes.

Esta duda no quedó despejada hasta la campaña de 1991 en la que, una vez desalojados los sedimentos alterados, se accedió a los niveles intactos y se comprobó que contenían tanto fósiles de 'Ursus deningeri', como fósiles humanos. De este modo quedó confirmada la asociación entre ambas especies y se estableció en 120.000 años la edad mínima del yacimiento. Pero este dato, con ser importantísimo, pues confirmaba la gran antigüedad de los fósiles humanos, era demasiado amplio aún y se consideró como un objetivo prioritario el intentar precisar más la datación del yacimiento. En aquel momento no se había encontrado ninguna roca susceptible de ser datada y que tuviera una relación estratigráfica clara con los fósiles humanos, por lo que se trabajó en dos líneas independientes. Por una parte, estudiando el resto de la fauna fósil del yacimiento y, por otro lado, aplicando nuevas técnicas, algunas aún experimentales, para datar los propios fósiles. Los resultados alcanzados por ambos métodos coincidían en señalar una edad mínima mayor para los fósiles de la Sima de los Huesos, en torno a los 250.000 años de antigüedad.

Atapuerca foto. El Cráneo número 5 apareció fragmentado en distintas piezas, una de ellas fue el hueso frontal de la imagen.
Archivo AtapuercaFinalmente, después de más de diez años de excavar en distintos puntos del yacimiento, en la campaña del año 2001 se realizó un descubrimiento que permitió precisar más la datación. Ese año, se encontró en la parte superior de la rampa (en el lugar denominado SRA: Sima-Rampa Alta) una estalagmita horizontal depositada sobre niveles fosilíferos que contienen decenas de fósiles humanos de los mismos individuos hallados en SH. Este tipo de roca sedimentaria puede ser datada, con gran fiabilidad, por el método de las series de uranio (comentado más arriba). Pues bien, los resultados obtenidos para la estalagmita de SRA determinan que su antigüedad rebasa el alcance máximo de dicha técnica, establecido en 350.000 años, por lo que los sedimentos que están bajo ella y, por lo tanto, los fósiles humanos son más antiguos de esa edad.

Una última reflexión para concluir con el apartado de la antigüedad de la Sima de los Huesos. Frecuentemente, se comete el error de confundir la edad mínima de un yacimiento con su edad absoluta. Una edad mínima de 350.000 años no quiere decir, como a veces se recoge erróneamente en los medios de comunicación, que el yacimiento tenga 350.000 años de antigüedad, exactamente, sino que es más antiguo que esa cifra, sin que se pueda precisar cuánto más. Éste es un concepto que conviene aclarar, porque a veces se nos acercan personas que nos dicen que hemos ido cambiando la edad del yacimiento a lo largo de los años, haciéndolo cada vez más antiguo. Y no es cierto. Lo que ha ocurrido es que se ha ido precisando cada vez más la datación, desde una edad mínima, al principio, de 120.000 años hasta una edad mínima, en la actualidad, de 500.000 años. Y en el momento en que los avances tecnológicos permitan perfeccionar los instrumentos de medida, disminuyendo su error, todavía se podrá precisar más la datación de la estalagmita de SRA y establecer una edad mínima del yacimiento aún más ajustada… pero que inevitablemente será mayor.

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