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Fauna - Sima de los Huesos

Por Nuria García

Algunas de las hemimandíbulas de los casi 180 osos ('Ursus deningeri') contabilizados hasta la fecha en la Sima de los Huesos Rodeados de negra oscuridad, los antepasados de los osos de las cavernas, los 'Ursus deningeri', se adentran en la Cueva Mayor buscando un rincón apartado pero cómodo donde aletargarse durante un tiempo, a la espera de los frutos que traerá la primavera. Fuera ya hace frío. Una osa con su osezno encuentra el encame perfecto en la Sala de los Cíclopes y allí ambos se acomodan. Otro joven adulto ,sin embargo, merodea en su búsqueda por la cavidad y atraído por un agradable olor a carroña, alcanza la boca de una sima de 13 metros de profundidad: se encuentra frente a la Sima de los Huesos. El olor que procede del negro fondo es más intenso allí y pone en alerta a todos sus instintos, que ya sólo se concentran en la bajada hasta alcanzar la fuente de tales manjares. El accidentado descenso termina en fuerte caída pero, a pesar de lo maltrecho, consigue el ansiado bocado de la carne en descomposición procedente de unos cuerpos allí acumulados. Por desgracia, no parece haber más salida que el conducto vertical, ahora imposible de ascender. El joven oso intrépido ha caído en una trampa mortal y sus restos sin vida pasarán a alimentar la cadena de caídas de osos, zorros, comadrejas y muchos otros carnívoros. Efectivamente, la Sima de los Huesos sólo contiene restos de carnívoros y de humanos. Esta combinación de taxones, ninguno de ellos herbívoro, es totalmente inusual para considerarlo un lugar donde vivieron o se refugiaron los humanos. La gran concentración, sesgada a favor de los carnívoros, nos indica que éstos acudían a ese lugar atraídos por una buena razón, la comida. Casi ciento ochenta osos, un lobo, veinticinco zorros, tres leones, dos linces, un gato montés, tres comadrejas, una garduña, tres hurones y un tejón, se fueron dando cita en la Sima año tras año, hace alrededor de medio millón de años. Los cuerpos de los humanos pre-neandertales se acumularon en la Sima por otras razones.

Osos, Zarpazos

Entre los fósiles extraídos de los sedimentos de las capas superiores de la Sima de los Huesos no hay ni un solo resto de industria lítica ni de herbívoros: algo completamente anormal en los yacimientos de la misma época. La acumulación se compone exclusivamente de osos, más de 150 y, como hemos comentado, de carnívoros: tres leones, veinticuatro zorros, algún lobo, linces, algún mustélido y poco más. Los trabajos llevados a cabo por el Ingeniero de Minas, Trino Torres, establecieron ya la identidad del oso en cuestión: se trataba del 'Ursus deningeri', antepasado del formidable Oso de las Cavernas típico del Pleistoceno superior. Su tamaño era superior al de un gran oso pardo europeo y estaba especializado en comer de todo, con menos preferencia por la carne que los osos actuales.

Una de las huellas de oso ('Ursus deningeri') conservada en arcilla que se encuentra en la Sala de las Oseras, anexa a la Sima de los Huesos Contigua a la Sima de los Huesos se encuentra la Sala de las Oseras. Esta pequeña sala se encuentra cerrada por un derrumbamiento en un punto que, según los mapas, se encuentra a un par de metros de distancia del techo de la Sima. El nombre de esta cavidad se debe a que conserva yacijas de oso, una especie de encames en la arcilla que estos animales suelen fabricarse para pasar el invierno. En las grietas de la pared, rellenas de arcilla, pueden contemplarse aún hoy huellas de garras de oso, tan frescas que parecen recientes. Una pequeña excavación practicada en la Sala de las Oseras descubrió decenas de huesos casi intactos de 'Ursus deningeri'. Había restos de todo tipo: de osos jóvenes, adultos y cachorros amontonados a lo largo de las paredes. Allí fue donde los últimos de su especie, aquellos que dejaron los encames que hoy vemos, los apartaron para hacer sus yacijas.

En cambio, los osos cuyos restos se han encontrado en la Sima, no hibernaban allí. Este tramo de la cueva ha sido desde hace mucho tiempo una auténtica trampa. Su boca es estrecha y difícil de atravesar y el abismo de casi 13 metros se abre sin previo aviso, en un rincón aparentemente propicio para dormitar unos meses. Si el oso que buscaba lugar para su siesta invernal se descuidaba podía acabar despeñado; y esto es lo que les ocurrió a más de 150 de ellos a lo largo de milenios. Muchos no morían instantáneamente. Heridos y atrapados en un pozo sin salida, su agonía debía de ser lenta y su instinto de supervivencia les llevaba a carroñear los restos de otros compañeros tan poco afortunados como ellos caídos antes. En el proceso desordenaban y rompían sus huesos y, finalmente, morían. Cuando esto ocurría, la carne tardaba poco (apenas meses) en desaparecer y su esqueleto quedaba en la misma posición en que el animal murió. Hasta que el siguiente desventurado, a veces una madre con oseznos, caía sobre ellos. Poco a poco se fue formando un verdadero osario.

Carnívoros

Algunos de los restos aparecidos de lince ('Lynx pardina spelaea') en la Sima de los Huesos (Cueva Mayor, Atapuerca) Pero no solo los osos se sentían atriados por el olor procedente de las entrañas de la Sima; al menos en varias ocasiones atrajeron a otros carnívoros a una muerte cierta. Tres leones, casi con certeza un macho, una hembra y un joven, debieron de seguir su olfato para satisfacer su hambre y acabaron muriendo en el despeñadero. Al menos 24 zorros siguieron la misma suerte, junto a un par de linces, un gato montés, tres comadrejas, dos martas y un lobo, que sepamos. La Sima se había convertido en una sofisticada trampa con cebo.

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