Atapuerca - Patrimonio de la humanidad

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Fauna - Trinchera Galería

Por Nuria García

El Pleistoceno Medio en su segunda parte: la Europa de los homínidos

Por Nuria García

Hemos hablado de los inicios del Pleistoceno medio, y también nos hemos remontado al Epivillafranquiense y la transición del Pleistoceno inferior y medio, un periodo ya habitado por humanos pioneros, el Homo antecesor. Sin embargo, es la segunda parte del Pleistoceno medio, entre hace unos 500.000 y 130.000 años la gran protagonista de una primera gran expansión de homínidos en Europa, la estirpe de los neandertales: Homo heidelbegensis y posteriormente H. neanderthalensis. Junto a esta humanidad, un conjunto faunístico conforma los distintos ecosistemas de este periodo, y varias especies de las que surgen en este momento son las precursoras de las actuales, mientras que otras se desplazan o desaparecen para siempre. Dentro de los primeros destacaremos a los leones, que según ya se ha adelantado, hacen su primera aparición en el continente europeo hace unos 600.000 años, según sabemos por los restos recuperados en Isernia la Pineta (Italia), y su expansión es muy intensa desde hace unos 400.000 años. Este félido social y de talla superior a los actuales, está presente en la Sima de los Huesos, de alrededor de medio millón de años de antigüedad, junto a casi una treintena de H. heidelbergensis, y algo después, en Trinchera Galería, donde es el carnívoro más abundante, así como en los niveles superiores (TD10-11) de Gran Dolina.
También deben resaltarse la aparición en esta segunda mitad de los “lobos auténticos”, cuyos primeros representantes se sitúan en yacimientos de entre 400 y 200.000 años de antigüedad en Europa, como Ambrona (Soria), Lunel-Viel (Francia) o Heppenloch (Alemania). Este periodo está bien representado en la Sierra de Atapuerca gracias a los niveles superiores (TD10-11) de Gran Dolina y al yacimiento de Trinchera Galería, siendo en éste último donde se ha recuperado una mandíbula casi completa de este primer Canis lupus, no de gran talla, pero ya con una morfología típicamente lobuna que le sitúa como perfecto candidato a ser el primer lobo ibérico. La transición desde el lobo del Epivillafranquiense y el Cromer, Canis mosbachensis, hacia los primeros lobos auténticos (Canis lupus) se sitúa próxima al periodo interglacial Holsteinian (entre el estadio isotópico marino 9 y 11), hace unos 400.000 años.
Estos lobos “auténticos”, de talla algo menor a los actuales, co-existieron con el perro jaro (Cuon alpinus) durante el lapso de tiempo representado por el depósito de Trinchera Galería, siendo de hecho el cuon, mucho más abundante, con cinco individuos de talla similar o superior al único lobo recuperado. Se presupone una competencia entre ambas especies de cánidos sociales, pero desconocemos la capacidad del ecosistema para mantener ambos taxones, y no parece entrar en declive ninguno de los depredadores, si bien hacia el Pleistoceno superior, el cuon ve desplazada su área de ocupación hacia el este, quedando limitado su rango a Asia en la actualidad. Además, en los representantes actuales, se observa un aumento de talla de los lobos, junto a una reducción de los cuones,
El zorro que hoy denominamos, “común” (Vulpes vulpes), es una especie que apenas conocemos hasta la segunda parte del Pleistoceno medio, ampliamente representada por primera vez en la Sierra en la Sima de los Huesos, hace alrededor de medio millón de años, y que después persiste y llega hasta nuestros días, con mínimas oscilaciones de talla.
La asociación faunística de este periodo, quedaría definida en Atapuerca con Panthera leo fossilis, Lynx pardinus spelaeus, Felis silvestres, osos de las cavernas (Ursus deningeri-spelaeus), perro jaro, Cuon alpinus, león (Panthera leo), zorro común (Vulpes vulpes), tejón (Meles meles), comadreja (Mustela nivalis), Hemitragus bonnali, caballo (Equus caballus), Bos/Bison, Stephanorhinus cf. hemitoechus, jabalí (Sus scrofa), gamo (Dama dama clactoniana), ciervo (Cervus elaphus cf. priscus), Arvicola cf. sapidus, Pliomys lenki, Microtus agrestis, Microtus arvalis, Iberomys brecciensis y Terricola atapuerquensis.) La base del nivel 10, es una de las pocas localidades junto a Mauer, Mosbach, Westbury y Vertészöllös, donde leones y tigres dientes de sable co-existieron, hacia la segunda mitad de periodo Cromeriense (próximo al tercer interglacial).
Los roedores que se encuentran en el complejo de Trinchera Galería, en realidad se limitan a dos unidades litológicas ricas en fósiles: Unidad II inferior (GII) y Unidad III superior (GIII), y son característicos del Pleistoceno Medio.
En la parte inferior de GII los restos son escasos a ausentes. En el intervalo representado por G II y GIII las diferencias temporales no debían ser muy grandes ya que la composición de la asociación de roedores es parecida, la ausencia / presencia de algunos taxones debe ser atribuida a razones ecológicas / tafonómicas más que a verdaderas apariciones o desapariciones por migración o inmigración. Aparecen varios tipos de topillos como Arvicola aff. A. sapidus, Microtus jansoni, Microtus arvalis, Terrícola atapuerquensis, Iberomys brecciensis, Pliomys lenki, Allocricetus correzensis, Apodemus sp., Eliomys quercinus, Marmota sp., Hystrix (Acanthion) vinogradovi.
Sí se observa una diferencia en el estadio evolutivo de los micromamíferos de los niveles TG8, TG9 y TG10 CC que nos puede indicar que estos niveles están más separados del resto de GII de lo que están GII y GIII entre sí. La presencia de puercoespín junto a otros taxones mediterráneos, como los topillos Iberomys brecciensis y Arvicola aff. A. sapidus, podrían indicar un clima cálido y húmedo durante el lapso de tiempo en el que se depositaron los sedimentos de las unidades GII y GIII en Trinchera Galería.



El Pleistoceno superior: faunas modernas y faunas frías
El periodo comprendido entre hace unos 127.000 y unos 10.000 años, corresponde al Pleistoceno superior. Este lapso de tiempo representa el gran misterio de la Sierra hasta la fecha, puesto que los yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril descritos en páginas anteriores, no recogen evidencias fósiles de este intervalo temporal. Esto no significa que la Sierra no estuviera siendo poblada por animales y humanos: simplemente el fruto de su actividad no nos ha llegado, puesto que las cuevas se fueron rellenando de sedimentos durante todo el Pleistoceno medio y parte del inferior (según qué cavidades), alcanzando el techo, y quedándose pues, las cuevas colapsada, es decir llenas hasta arriba. En Cueva Mayor se buscan con esperanza depósitos de esta interesante edad protagonizada por los neandertales y muy hacia el final, por los humanos anatómicamente modernos, es decir nosotros. La Sima de los Huesos representa un único momento del pleistoceno medio, durante el que se acumularon tanto cadáveres humanos como de carnívoros, pero en un intervalo breve, y posteriormente la entrada se colapsó interrumpiéndose las acumulaciones. Sin embargo, en las proximidades de la actual entrada de Cueva Mayor, El Portalón, se pueden haber acumulado restos de animales, plantas y humanos durante el Pleistoceno medio, y aquí se centra uno de los objetivos de las excavaciones.
Sin embargo, aunque la Sierra de Atapuerca no nos ha proporcionado muchas pistas acerca de cómo eran los ecosistema durante el Pleistoceno superior, contamos con una idea aproximada, gracias a los hallazgos de otros yacimientos próximos. A menos de un centenar de kilómetros al norte de Atapuerca, el yacimiento de Valdegoba en Huérmeces (Burgos) nos cuenta que hace alrededor de 70.000 años esta cueva fue utilizada por los neandertales. Restos de al menos cinco individuos de distintas edades, de entre seis y nueve meses, dos adolescentes y un adulto, asociados a artefactos líticos del paleolítico medio, han sido recuperados hasta la fecha. No fueron los únicos en ocupar la cavidad, sino que de forma probablemente alternativa, también lo hicieron las grandes hienas manchadas (Crocuta crocuta), más robustas y grandes que sus antepasadas, las pioneras hienas que llegan a Europa, y que describíamos en la Gran Dolina. Además de las hienas, que cazarían en manadas, otro gran depredador que dominaba el ecosistema junto a los neandertales era el leopardo (Panthera pardus). En el pleistoceno superior co-existen dos tipos de oso, uno de ellos es el robusto oso de las cavernas (Ursus spelaeus), que se origina a partir de una evolución gradual desde el oso que describimos en la Sima de los Huesos, y que habitó Europa durante el pleistoceno medio. Ahora es su descendiente, el gran oso de las cavernas, el que lo hace durante el pleistoceno superior, pero que alcanza su máximo esplendor ecológico antes de la última glaciación, entre hace sesenta y veinticuatro mil años. Este oso, a pesar de su corpulencia, optó por una dieta más vegetariana que sus antepasados y co-habitó en toda Europa junto al oso pardo (Ursus arctos) que alcanzó Europa desde Asia, a finales del pleistoceno medio, hace menos de 200.000 años. El resto de la fauna de carnívoros que encontramos en la cueva de Valdegoba era muy similar a la que podríamos encontrar hoy en día en Burgos: había grandes lobos (Canis lupus), ya muy similares a los actuales lobos ibéricos, pero de mayor envergadura, zorros (Vulpes vulpes), lince ibérico (Lynx pardinus), gato montés (Felis silvestres), tejón, (Meles meles), garduña o marta (Martes) nutria (Lutra lutra). La presencia, junto a la nutria, de castor (Castor fiber) en el yacimiento subraya la explotación de los recursos de río, aunque una gran parte de los animales fueron probablemente aportados por las hienas a su cubil en la cueva. Entre los herbívoros, también la mayoría son especies que muy bien podrían ocupar hoy ese nicho burgalés, aparecen restos de ciervos (Cervus elaphus), rebecos (Rupicapra rupicapra) cabra montés (Capra pyrenaica), corzo (Capreolus capreolus), caballos de dos tipos (Equus caballus y E. hydruntinus), jabalí (Sus scrofa). Además se ha recuperado algún resto de rinoceronte de pradera (Dicerorhinus hemitoechus) y de bóvido (tipo uro o bisonte).
Además de los animales que caracterizaban el ecosistema del pleistoceno superior de Valdegoba, que en su mayoría eran formas similares a las actuales especies ibéricas de carnívoros y herbívoros, otros taxones también reflejaban los ecosistemas europeos durante los últimos cien mil años pero, al igual que el leopardo, el rinoceronte, la hiena o el oso de las cavernas antes mencionadas en Valdegoba, el perro jaro y al alce irlandés, tampoco sobreviven al final del pleistoceno superior. El león es sin duda una de las especies más emblemáticas cuyo reinado llega a su fin hace tan solo unos miles de años, después de haber ocupado con éxito todos los ecosistemas ibéricos y del resto de Europa.
El pleistoceno superior representa en su conjunto, unos ecosistemas muy similares a los que contemplamos en la actualidad en nuestro territorio, o a los que deberíamos contemplar si la actividad humana no fuera, en ocasiones tan devastadora. Es decir, el pleistoceno superior se aproxima a una composición de fauna “moderna” europea, al menos durante los periodos más cálidos, los interglaciares.
En los periodos de máximo frío, en las glaciaciones, los animales adaptados a ecosistemas de tundra/estepa venidos desde el centro de Europa, como el rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis), el mamut lanudo (Mammuthus primigenius), el reno (Rangifer tarandus), el buey almizclero (Ovibos moschatus), el glotón (Gulo gulo), o el zorro ártico (Alopex lagopus) también ocuparon Iberia, aunque mayoritariamente en la franja norte, en la llamada España atlántica. La cordillera cantábrica, cuenta con yacimientos con estas especies pertenecientes a las llamadas “faunas frías” que nos revelan que hace unos sesenta y cinco mil y unos veinte mil años, hubo momentos de auténtico frío y extrema aridez, con retroceso de los bosques.



El Holoceno
El límite superior del Pleistoceno corresponde al primer gran calentamiento climático, posterior a la última glaciación, situado alrededor de los 11.800 años B.P., si bien se utiliza también otra fecha situada en torno a los 10.200 años B.P., que es el límite de los denominados periodos Tardiglaciar y Postglaciar, marcados por biozonaciones polínicas en Europa occidental.

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